¿Qué tiene que ver el aprender a bailar con el efecto colectivo de conocer buenas prácticas de participación ciudadana?

Flavia Milano

Flavia Milano

Desde que nacemos, nuestro principal mecanismo de aprendizaje es la mímesis. Imitamos las conductas de nuestro entorno cercano, midiendo nuestras capacidades y nuestros límites. Cuando somos adultos seguimos haciéndolo, en el mejor de los casos respecto a objetivos que queremos lograr y que suman a nuestro entorno. Si quisiéramos aprender a bailar, por ejemplo, vamos a una clase donde alguien, que ya sabe bailar, nos muestra cómo se hace. Nos enseña primero los movimientos básicos, luego va complejizando las secuencias coreográficas. Utiliza música que nos ayuda a llevar el compás, muchas veces usa un espejo que nos da una perspectiva distanciada de nuestros movimientos. Hasta que un día hemos cambiado nuestro comportamiento, somos capaces de improvisar y si tenemos talento, hasta podemos innovar sobre el modo que venían haciéndose las cosas.

Este mecanismo de aprendizaje ¿sirve para pensar la participación ciudadana? Salvando la distancia, las buenas prácticas también son un instrumento útil para el aprendizaje colectivo y una fuente de conocimiento que puede ser replicado para avanzar desarrollo tanto a nivel local como a nivel de América Latina y el Caribe.

Nuestro equipo de trabajo en el BID descubrió que si bien proyectos tan importantes para el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) como los de agricultura o del sector extractivo -ambos aportan 4% del PBI regional- conllevan desafíos con frecuencia relacionados con conflictos sociales, también cuentan con buenas prácticas en donde la vinculación entre gobiernos, industrias y comunidades lleva al desarrollo territorial y regional.

Avanzamos en esta idea y nos reunimos con otros colegas para generar un diagnóstico en de buenas prácticas de participación ciudadana en varios países. Enmarcamos a esas buenas prácticas como comportamientos caracterizados por su nivel de participación, pertinencia y sostenibilidad. Así, encontramos ejemplos donde la participación incluyera a la comunidad de modo efectivo, con voz y voto en las decisiones que se tomen.  Casos donde se veía la pertinencia, de modo que los proyectos fueran relevantes y oportunos para esas comunidades; y sostenibles, es decir donde se previeran condiciones para tener continuidad en el mediano y largo plazo. Nos propusimos, además, buscar buenas prácticas que sean medibles y comparables.

En nuestro diagnóstico encontramos varias. Para conocer más de una de ellas viajamos a la Patagonia argentina para conocer de primera mano el programa para pequeñas y medianas empresas (pymes) en el Golfo San Jorge.

En 2005, la empresa Pan American Energy (PAE), una de las principales productoras de petróleo y gas de Argentina, comenzó a desarrollar en el Golfo San Jorge, una de sus áreas de operación, un programa de promoción de pymes. Para ello convocó a los emprendedores de la zona de influencia de la explotación -las localidades de Comodoro Rivadavia, Rada Tilly y Sarmiento, en el sur de la provincia de Chubut, y de Pico Truncado y Caleta Olivia, en el norte de la provincia de Santa Cruz- así como a los gobiernos locales y las universidades e institutos de investigación con presencia territorial. Como fruto de esta alianza, surgió la iniciativa de apoyo a los emprendimientos locales, tanto los vinculados a la actividad extractiva como los de otras ramas de actividad.

El programa fortalece el desarrollo y la profesionalización de la gestión de pymes a través de capacitaciones y asesoramiento tecnológico, financiero y comercial. Así, se genera capital social que potencia la economía local y beneficia tanto a la empresa como a la ciudadanía, al trabajar con proveedores locales. El éxito de esta iniciativa ha llevado a PAE a replicarla en sus explotaciones de las provincias de las provincias de Neuquén y Salta.

Las buenas prácticas no son una panacea para resolver conflictos, pero pueden servir como compás para sostener el ritmo y trazar nuevas narrativas, donde mentes conocedoras y abiertas repliquen lo que sí funciona, discontinúen lo que no tiene buenos resultados, e innoven para alcanzar e incluir a más personas en los esfuerzos de crecimiento sostenible para todos.

Hemos creado un sitio para conocer más sobre el tema y a una misma vez dar a conocer nuevos enfoques sobre el desarrollo en la región. Allí se da visibilidad a los esfuerzos de organizaciones en los 26 países, registradas en la plataforma georreferenciada WiConnect.  Agregamos  más ejemplos de casos reales exitosos y material de consulta, foros especializados y oportunidades de capacitación y llamados a concursos para comprender cómo colaboran los 3 actores principales del crecimiento en la región: sociedad civil, empresas y gobiernos. Porque, aunque llevar el ritmo en solitario parezca más sencillo, el trabajo conjunto entre empresas, gobiernos y ciudadanos puede maximizar los impactos positivos y mejorar vidas en América Latina y el Caribe.

Flavia Milano

Flavia Milano

Experta en temas de estrategia y políticas de participación ciudadana. Abogada J.D. con Maestría en Desarrollo y Reducción de Pobreza, especializada en Negocios y Derechos Humanos y certificada en Liderazgo Público de la Universidad de Harvard. Se desempeña como Asesora del Vicepresidente de Países del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en temas de participación ciudadana.