¿Qué tienen en común el cambio climático y el COVID-19?

El COVID-19 puso en jaque cualquier otra prioridad. Sin embargo, sabemos que para enfrentar el cambio climático la respuesta ciudadana resulta igual de decisiva. Para ahondar en vías de acción, convocamos a expertos de América Latina y el Caribe para intercambiar conocimientos y perspectivas en torno al contexto actual y su relación con el cambio climático. Durante el diálogo que sostuvimos de manera virtual, los participantes en representación de gobiernos, sector privado y sociedad civil dentro de asuntos de cambio climático tuvieron la oportunidad de escuchar las intervenciones de expertos convocados por el Grupo BID y hacer preguntas. A continuación, sus respuestas.

Graham Watkins, Jefe de la División de Cambio Climático, a.i., BID

 

Podría decirse que los tiempos de crisis no son propicios para abrir debates y buscar la participación de grupos amplios de actores. Quizás se necesita, en cambio, una dirección clara de, arriba hacia abajo, de los tomadores de decisiones. ¿Cuál es su opinión al respecto en este contexto de las emergencias del cambio climático y la pandemia actual?
GW: Los tiempos de crisis necesitan la dirección de los tomadores de decisión, pero también son los tiempos más importantes para escuchar las necesidades y preocupaciones de las personas para adoptar las decisiones correctas.
Escuchar a los que necesitan apoyo y utilizar conocimientos de múltiples fuentes, incluyendo la academia y las organizaciones de la sociedad civil, proporciona a los tomadores de decisiones información para responder a las crisis. Lo que tal vez sea necesario cambiar en este contexto son las estructuras de toma de decisiones -por ejemplo, pasando de redes jerárquicas a no jerárquicas- para permitir una rápida y fluida circulación bidireccional de la información.

 

En temas de cambio climático las grandes empresas tienen un poder de lobby muy fuerte. Además, no todas las empresas tienen las condiciones financieras para readaptarse al cambio tecnológico. ¿Cómo cree que la ciudadanía puede ayudar a revertir el cambio climático en este contexto?
GW: La ciudadanía tiene mucho poder de cambio. Con una buena base científica y organización, los ciudadanos, organizaciones civiles y universidades tienen el poder de generar conciencia sobre los cambios en comportamiento y consumo de servicios y productos que contribuyen al cambio climático. Cambios en la estructura de la demanda pueden impactar tanto en las decisiones del tipo y escala de negocios en el que el sector privado decide invertir, como en las estructuras regulatorias e institucionales que habilitarán la entrada y financiamiento de proyectos privados alineados con una economía resiliente y cero emisiones. Pero estos cambios pueden dar lugar a nuevas resistencias que debemos gestionar para garantizar una transición justa.

Laura Secada, Directora General de Cambio Climático y Desertificación, Ministerio del Ambiente de Perú

 

¿Qué diría a colegas de otros países o instituciones sobre tensiones presupuestarias que implica institucionalizar procesos de participación ciudadana? No siempre resulta viable, aunque sea “lo correcto”.
LS: La participación ciudadana no es solo lo correcto, también es un derecho que brinda legitimidad y sostenibilidad a la gestión integral del cambio climático. Este derecho es reconocido en la normativa nacional de la Ley Marco sobre Cambio Climático y su Reglamento.
A nivel internacional, el Acuerdo de París promueve la participación de las personas y el acceso público a la información. A nivel regional, se cuenta con el Acuerdo de Escazú, en el caso del Perú, se espera su pronta ratificación. En esa línea, compartimos algunas buenas prácticas para atender la tensión presupuestaria de la participación ciudadana:
– Por ejemplo, propiciando un trabajo conjunto con todos los niveles de gobierno, de manera que podamos compartir costos de participación.
– Promover la articulación con las ONG para que apoyen en las convocatorias y acciones puntuales.
– Generar espacios de participación de forma descentralizada. Antes del COVID-19, a través de los Dialoguemos, hemos promovido el acercamiento del Estado a las distintas regiones para evitar grandes distancias de traslado.
– Ver como una oportunidad la generación de la participación virtual que nos ha traído el COVID-19 y proponer procesos  virtuales, de manera que se reduzcan los costos. El proceso de elaboración del Plan Nacional de Adaptación del Perú es un claro ejemplo de ello, pues es el primer proceso participativo, multisectorial, multinivel y multiactor que se viene construyendo íntegramente de manera virtual.
– En el marco de las Conferencias de las Partes (COP) sobre Cambio Climático, diversos actores estatales (diferentes a la cartera ambiental) y no estatales (como representantes de los pueblos indígenas) han participado en eventos paralelos, reforzando así los lazos del proceso multiactor. En este campo, la cooperación internacional ha sido un aliado estratégico.

Flavia Milano, Líder en Asuntos de Participación Ciudadana, Grupo BID

 

¿Cuál es una experiencia exitosa en la que una organización ciudadana haya servido para alertar y/o detener efectos nocivos en el planeta?
FM: Esto sucede a diario a nivel local. Gracias a la Inteligencia Artificial se puede encontrar en iniciativas climáticas escalables compartidas por la gente y movilizar recursos humanos y financieros. La percepción de un problema como real hizo que los esfuerzos para aplanar la curva del COVID-19 funcionaran.  
Mientras que la amenaza climática se perciba remota, no cambiará el comportamiento. Las personas cambian conductas cuando sienten que algo en sus propias vidas está comprometido. Comprender las percepciones climáticas y necesidades de la gente para coordinar un enfoque sostenible, comenzando en el propio barrio, hará la diferencia. Otros ejemplos serían movimientos como #FridaysForFuture donde activistas han logrado organizar posiciones y con eso generan empuje para influir en los procesos de toma de decisiones.
En el video mencionan que la tecnología puede ser una herramienta poderosa para avanzar agendas climáticas. ¿Cómo podemos hacer eso desde mi ciudad y estar seguros de que el estado o empresas no van a controlarme a través de las tecnologías que utilizo?
FM: El uso ético de datos es una preocupación compartida y motivo de debate. Trabajamos con gobiernos, sector privado y sociedad civil para mantener los más altos estándares. El que tengamos una identidad cívica y ahora también una identidad digital visible no necesariamente es algo negativo. Con la pandemia la gente se volcó masivamente al Internet compartiendo datos, permitiendo escuchar y estructurar en tiempo real emergencias como la “para pandemia” de la violencia doméstica o la seguridad alimentaria y el impacto positivo sobre el clima. El camino es largo, los riesgos requieren de actualizaciones constantes. Sin embargo, esta nueva cercanía virtual es crítica para aplanar la otra curva, la del cambio climático.

Jairo Quiros-Tortos, Profesor y Experto en Movilidad Eléctrica, Universidad de Costa Rica

 

¿En mi país las universidades tienen mucho conocimiento que pudiera orientar a la política pública en la materia, pero no existe la voluntad política necesaria para avanzar. ¿Qué nos recomienda?
JQ: La voluntad política es importante para vincular la academia con el gobierno. En nuestro caso, nos sentimos complacidos de poder ayudar al Ministerio de Ambiente y Energía. Mi sugerencia es buscar un acercamiento que presente el potencial beneficio para ambas partes. 
Mientras la academia desarrolla metodologías, algoritmos, modelos, y otras herramientas que permitan informar a los tomadores de decisión, las instituciones reciben insumos con la última ciencia para la toma de decisión. Otro aspecto por considerar es el respaldo científico que puede dar un estudio desarrollado por las universidades para los gobiernos. La alianza academia-gobierno es un win-win para todos que conlleva al beneficio global para el país.