Si la percepción es la realidad, la ciudadanía está creándola

La revista Forbes citaba nuestra herramienta de inteligencia artificial (IA), donde estamos escuchando a la ciudadanía para no dejar a nadie atrás. Al captar percepciones y preocupaciones de millones de personas en tiempo real, tenemos la oportunidad de apoyar mejor las respuestas a corto plazo, y también frente a los escenarios de salida de la crisis.  

Cuando se desató la crisis de la pandemia del COVID-19, sabíamos que íbamos al encuentro de una gran volatilidad. Nos dimos cuenta de que en contemporáneo a todo el trabajo que hicimos como Grupo BID dando respuestas en distintos frentes, necesitábamos conocer las percepciones de la ciudadanía para apoyar estratégicamente a los países.

Para alcanzar al mayor número de ciudadanos y ciudadanas, el empleo de inteligencia artificial (IA) es un medio excepcional para alcanzar rápidamente millones de personas. Del trabajo que venimos llevando adelante, estamos reconfirmando que, si la ciudadanía había ganado un mayor espacio como actor de cambio antes de la crisis, durante la emergencia su rol se revela crucial. Es la participación ciudadana la que tiene el poder de aplanar la curva.

¿Por qué conocer las percepciones de la gente tiene un valor en el proceso de toma de decisiones?

 

Alguien dijo: la percepción es la realidad, y la pandemia nos confirmó este axioma. Todos hemos visto cómo la percepción de escasez de alimentos produjo el vaciamiento de supermercados en todos los países.

Es la percepción, que no siempre se basa en datos fácticos, la que también crea impactos en lo que conocemos como realidad.

Esto no obsta que estén surgiendo temas de seguridad alimentaria que estamos analizando también, pero esto se produjo previsiblemente en la cadena de suministros ya entrada la crisis, y no al momento que describimos.

 

A corto plazo, sabíamos que conocer percepciones nos permitía contribuir a ajustar medidas de emergencia. Así, por ejemplo, vimos con cierta alarma que alguno de los países intervino con fuerzas del orden para mantener su gente en cuarentena. Otros confiaron ese poder de policía a la propia ciudadanía, que es quien condena el comportamiento de sus pares si quiebran la cuarentena. La propia ciudadanía, también llevó alivio a situaciones de mucha presión causadas por la pandemia, sobre todo en segmentos de mayor vulnerabilidad.

Registramos un gran volumen de casos de violencia de género, casos de depresión por pérdida de empleo y el aislamiento prolongado, la falta de acceso a curas sanitarias seguras y de seguridad alimentaria, así como facilidades para nuevos emprendimientos que lleven soluciones. Encontrar el espacio en el diseño de políticas públicas y económicas en esos escenarios, es lo que necesitamos pensar desde ahora.

A mediano plazo, sabíamos que conocer las necesidades cívicas tiene el potencial de influir en los procesos de toma de decisiones y diseño de políticas publicas y económicas. También, en el corto y mediano plazo, el sector privado nos confirmó que al estructurar las preocupaciones y percepciones ciudadanas en términos de necesidades cívicas esta siendo clave para que grupos de innovación como las start-ups pudieran pensar en términos de respuestas con soluciones a esas necesidades.

La experiencia que proviene de otras emergencias demuestra que es importante encontrar consensos para contribuir en los escenarios de salida de la crisis.

Estábamos ya en un mundo híper conectado. Aún así, ante el aislamiento, la ciudadanía se volcó masivamente al uso de redes sociales, y esto nos ayuda comprender de un modo más cercano lo que ocurre en tiempo real. 

Innovación hacia adelante: enfoque en lugar de herramientas

La innovación no está en el uso de una herramienta de IA, sino en el enfoque. Cambiamos la lógica de trabajo: nosotros no intervenimos en la realidad, sino que la observamos. Es la propia realidad la que nos habla de temas que parecerían marcar tendencias, y estas serán relevantes en el diseño de políticas públicas y económicas en los escenarios de salida de la crisis.

Por la magnitud de la crisis, ningún actor -ni gobiernos, empresas, ciudadanía, organizaciones de la sociedad civil, o agencias de desarrollo- puede hacer frente a esto solo. Por eso, nos propusimos movilizar recursos humanos y financieros externos. Para lograrlo, decidimos abrir los datos para que analistas, start-ups de innovación, gobiernos, y ciudadanía los usen para aportar soluciones a nivel local.

Esto también nos permite contrastar la información que manejamos, al ser la gente la que nos adelanta las “fallas del mercado”: aquellos puntos donde se puede actuar de modo más granular, y donde conocer las necesidades cívicas se revela decisivo para el éxito de las medidas que vendrán.
Por ejemplo, saber de primera mano si se tiene acceso a medidas de protección (desde refugios hasta alimentos) también nos permitió identificar anticipadamente lo que la propia ciudadanía puso en la agenda pública, que llamamos la “para pandemia” de la violencia doméstica. Esta situación ha venido marcando un volumen de conversaciones constantes, y frente a la que los gobiernos han implementado medidas con protocolos de emergencia, como en Argentina.

Hemos seguido grupos en situación de vulnerabilidad, especialmente conversaciones sobre los inmigrantes indocumentados en las fronteras, donde surgen con más fuerza expresiones de discriminación por asociarlos como vectores de contagio y en como competencia por el acceso a los sistemas sanitarios municipales. También, en todos los países -como es esperable-, hay un intercambio activo de preocupaciones alrededor de la economía en hogares y sostenibilidad de empresas a raíz de la pérdida de empleos, la crisis económica y financiera. Esta pieza de información nos permite ver la alineación entre lo que se busca alcanzar en la post crisis y lo que la gente expresa como prioritario.

La ciudadanía es una apuesta importante en un enfoque de desarrollo que ya sabíamos necesario, pero que ahora se revela tangible. Al encontrar alineación entre las variables de necesidades cívicas y las políticas públicas y económicas, aumentamos las probabilidades de una mejor reconstrucción al otro lado de la crisis.