Mediadores culturales para integrar la cosmovisión indígena al desarrollo forestal de Costa Rica

¿Cómo tender puentes entre el conocimiento científico acerca del cambio climático y la cosmovisión que los pueblos indígenas tienen sobre la naturaleza, para formular políticas públicas efectivas e inclusivas? ¿Cómo estimular la participación de la sociedad civil –en este caso, los pueblos originarios– en las agendas climáticas nacionales? Esos fueron los desafíos que se propuso el Programa Nacional de Mediadores Culturales en Costa Rica, diseñado para fortalecer los procesos de consulta indígena dentro del marco de la Estrategia Nacional REDD+ (Reducción de Emisiones Derivadas de la Deforestación y Degradación).

El primer paso para responder a ese desafío fue identificar a 110 jóvenes pertenecientes a los pueblos indígenas en todos los territorios del país para que se convirtieran en mediadores culturales. El segundo fue darles capacitación científica sobre cambio climático a través de un convenio con el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE). Y el siguiente fue que esos jóvenes, ya capacitados en los conceptos técnicos, trabajaran en talleres con los mayores de sus comunidades para integrar ese conocimiento con el de la cosmogonía indígena.

“Todos los estudios y diálogos eran súper técnicos, súper científicos, y la sensación era: ‘¿Y eso qué tiene que ver con nosotros?’ Entonces empezamos a tratar de ligar ambos conocimientos para generar respuestas a efectos que incluso estamos viviendo en los territorios por el cambio climático”, relata Levi Sucre Romero, líder indígena del pueblo Bribri, y continúa: “En los talleres se discutía, por ejemplo, ¿qué dice la cosmovisión sobre la convivencia de los animales? y ¿qué dice la ciencia sobre el impacto del cambio climático en relación a los animales? ¿Qué dice la cosmovisión sobre el abuso de los recursos naturales?, y ¿qué dice la ciencia sobre ese mismo tema?”.

Esos puentes entre distintos tipos de conocimiento se materializaron en ejemplos concretos. “Especialmente para las personas mayores, que son líderes en las comunidades, para verificar que realmente el cambio climático existe, usábamos ejemplos de nuestros territorios. Aquí donde yo vivo hubo un año en el que no hubo producción de pejibaye –una fruta que se produce en Centroamérica–, porque las flores nunca cuajaron y era precisamente por efecto del cambio climático. También hay apariciones masivas de unos insectos que antes no estaban. Entonces dábamos indicadores de que algo está mal y lo fuimos entendiendo en el marco de la dinámica comunitaria”, relata Sucre Romero.

El desafío de integrar los dos tipos de conocimiento también se produjo en el sentido inverso: “Para poder dialogar con el gobierno e incluso los académicos, el tema que es más difícil de comprender es la conceptualización de los bosques desde la cosmovisión indígena. En el nivel de las negociaciones eso es lo más complicado”, precisa Sucre Romero.

A pesar de estas dificultades, las conclusiones de los talleres de intercambio pudieron ser canalizadas en el Capítulo Indígena del Plan Nacional de Desarrollo Forestal. “En 2011 se oficializó el Plan Nacional de Desarrollo Forestal pero resulta que los pueblos indígenas no estaban en ese documento estratégico. Entonces hubo una crítica muy fuerte y a raíz de eso surge la posibilidad de incorporar un capítulo indígena”, indica Elena Florian, Consultora internacional en bosques, cambio climático y desarrollo sostenible que participó de la implementación del programa desde CATIE. El proceso de formulación del capítulo pudo ser exitoso a pesar de ese antecedente negativo para la confianza de los pueblos indígenas. Florian precisa algunas de las claves que vale tomar en cuenta al momento de planificar una Consulta Pública efectiva con pueblos indígenas:

– Transparencia y reciprocidad. “Si yo entro al territorio indígena, tengo la responsabilidad de explicarles cómo se va a utilizar la información que se recopile y darle seguimiento. De la misma manera, es importante que haya un proceso de devolución de esa información a la comunidad”, explica Florian sobre este punto.

– Identificación de los actores clave, tanto en el nivel gubernamental e institucional como en el de los territorios y las comunidades.

– Trasladarse a los territorios para las actividades vinculadas a la participación de las comunidades y no, por ejemplo, organizar talleres en una ciudad.

– Invertir el tiempo y los recursos para involucrar a los líderes de comunidad. “Por lo general con los pueblos indígenas existen líderes con mucha capacidad técnica pero también otro tipo de líderes. En la mayoría de los casos la gente mayor juega un papel muy importante en los procesos de toma de decisión a nivel local. Entonces es importante también involucrarlos dentro del proceso”, explica Florian.

El Programa Nacional de Mediadores Culturales en Costa Rica es una de las 137 buenas prácticas de relacionamiento ciudadano en torno a asuntos climáticos identificadas por el BID la región. Para mayor información sobre el nivel de relacionamiento de Consultas Públicas, incluyendo más de 300 marcos regulatorios y legales aplicables en América Latina y el Caribe, también está disponible la publicación Consultas públicas: El paso a paso.

Asimismo, en temas de participación ciudadana y bioeconomía el BID ha comenzado en el mes de mayo de 2021 la primera fase de diálogos con organizaciones de sociedad civil y ciudadanía de la Cuenca Amazónica para conocer percepciones y preocupaciones, así como visiones a futuro para integrar en el diseño de propuestas para implementación de operaciones en Guyana, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Suriname y Bolivia.
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